Cynthia Veloso viene luchando contra una enfermedad hepática por lo que, 14 años atrás, recibió un trasplante de hígado tras una larga lucha. En este tiempo, su cuerpo rechazó el órgano trasplantado, y la única salida es un retrasplante. Pide ayuda para solventar el tratamiento médico antes de someterse al retrasplante.

En noviembre del 2008, luego de una dura y larga lucha, la ciudadana capiateña Cynthia Veloso logró que el Gobierno de Paraguay y Argentina firmaran un convenio para que ella pudiera viajar a Argentina para recibir el trasplante de hígado.
Su lucha que inició en el 2002 tras ser diagnosticada, permitió que se instalara en el debate la importancia del trasplante de órganos en el país, como una forma de salvar vidas.

Se sometió a la intervención en Argentina, lo que le permitió recuperar en cierta manera su vida durante 14 años.
Pero como en la medicina el resultado puede ser variable, hoy se enfrenta nuevamente al desafío del retrasplante, luego de que su cuerpo rechazara el órgano que recibió antes.

Complicación
Actualmente está internada en el Hospital de Clínicas, con una cirrosis hepática, con neumonía y complicaciones renales, ante la falla del hígado trasplantado que ya no funciona, y no puede aún ingresar a lista de espera para el trasplante, ya que antes debe seguir un tratamiento para mejorar.
En la Argentina le piden 3 años de residencia y una cédula argentina, algo que significa una complicación para la misma ya que tiempo es lo que no tiene, porque el retrasplante es una intervención muy difícil.
La madre de tres varones y conocida en la comunidad capiateña hoy apela nuevamente a la solidaridad de las personas, para recibir donaciones que le permitan cubrir los gastos del tratamiento antes de ingresar a la lista de espera.
IPS no la ayudó
Como asegurada del IPS recibió su diagnóstico en este hospital en el 2002, pero los propios médicos locales le recomendaron que buscara asistencia en algún centro especializado de los países vecinos, dada la nula experiencia en el área de trasplante hepático a nivel nacional.
Cynthia fue obligada a emigrar del país en busca de asistencia médica. Pasó esos primeros años, yendo y viniendo de Buenos Aires, para estudios y tratamientos.
El IPS nunca asumió ningún porcentaje de los gastos, basado en su carta orgánica que se desentiende de los gastos en el extranjero.
En aquel entonces, la intervención en el sector privado le hubiese costado 85.000 dólares, una suma que era imposible para la familia y que se pudo cubrir gracias al convenio entre ambos países.
