En un día que quedará marcado en la historia de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (FCMUNA), el Hospital de Clínicas se convirtió en el escenario de un acto de amor fraternal que trascenderá más allá de las estadísticas médicas.
El Equipo Multidisciplinario de Trasplantes de Órganos y Tejidos llevó a cabo, el martes 28 de noviembre, el trasplante renal número 169 desde la reactivación del Programa en el 2014, pero este no fue un procedimiento ordinario.

Dos hermanos, unidos por lazos sanguíneos y un vínculo que va más allá de cualquier diagnóstico médico, protagonizaron este emotivo episodio.
La historia comenzó con uno de ellos, un joven de 31 años, paciente monorrenal (tenía un solo riñon) desde los 12 años, a causa de un traumatismo renal que marcó su infancia.
Con el tiempo, esa única fuente de filtración para su cuerpo se vio afectada por una enfermedad renal, llevándolo a una rutina dolorosa de hemodiálisis durante más de un año.
La esperanza llegó de la mano de su hermano menor, de 29 años, originarios de la ciudad de Capiatá.
Este joven, testigo silencioso de las batallas de su hermano mayor, tomó la valiente decisión de convertirse en donante vivo.
Más allá de los análisis clínicos y procedimientos médicos, este acto encapsula un amor incondicional y un compromiso más allá de la biología compartida.
El equipo médico, liderado por especialistas en trasplantes, trabajó con precisión y dedicación para llevar a cabo la compleja cirugía.
Los hermanos, en camillas contiguas, compartieron un momento de calma antes de la intervención. Sus miradas transmitían una conexión que va más allá de las palabras, un entendimiento profundo que solo los lazos familiares pueden proporcionar.
La sala de operaciones se convirtió en un escenario donde la ciencia y el afecto se entrelazaron. El riñón sano del hermano donante encontró su nuevo hogar en el cuerpo del receptor, marcando el comienzo de una nueva etapa en la vida de ambos.
La esperanza floreció en ese quirófano, y el número 169 adquirió un significado único, más allá de ser simplemente una estadística.
Mientras la noticia del exitoso trasplante se difundía, los pasillos del hospital resonaban con aplausos y susurros de admiración.
La historia de estos dos hermanos se convirtió en un faro de inspiración para pacientes, médicos y familias que enfrentan la dura realidad de las enfermedades renales.
En la sala de recuperación, los hermanos se encontraron nuevamente, esta vez con la certeza de que un pedazo de amor y vida palpita en el interior del receptor.
El donante, aún en proceso de recuperación, sonreía con la satisfacción de haber dado una segunda oportunidad a una de las personas que más ama en el mundo.
El trasplante renal N° 169 pasará a la historia de la FCMUNA no solo como un logro médico, sino como un recordatorio conmovedor de que, en ocasiones, el acto más poderoso de curación proviene del amor desinteresado de un hermano.
